martes, 6 de abril de 2010

Mi adolescencia, PARTE 1


Mi abuelita se puso muy grave y pues el Señor se la llevó. Mi única compañía eran las gallinas, el chucho con jiote y la cabra. Me dió mucha tristeza y ya no estaba rindiendo en la escuela, pero tenía un sueño e hice una última promesa a mi abuelita, que me convertiría en porfesor. Yo con tan solo trece añitos no podía más que estudiar, sembrar, regar las plantitas, sacar mi lechita de cabra, echarle creolina al lomo del chucho, alimentar con granos a las gallinas y vuelta a mi soledad. Pero no me rendí, decidí ir a probar suerte a la capital, yo con tan solo Q.25. El bus me dejó por el Cerrito del Carmen, no tenía a donde ir, para empeorar la situación una persona de tez morena me asaltó y solo me dejó con mi calzoncillo, una mi playera y un mi libro de Carazamba.
Eran como las seis de la tarde, yo caminando sin rumbo, sin dinero, sin pantalones, sin zapatos, pensé en volver al lugarcito (se lo había recomendado al Mozote) pero el destino me tenía preparado algo especial. Bueno decidí dormir en el Cerrito, era marzo así que no me preocupaba la lluvia.
Recuerdo que era un día martes como a las 7:00 a.m. un policía me dijo: "Bueno cabrón, aca no es refugio de bolos, o patojos de la calle, levantate o te llevo preso, pisado". Con lágrimas en los ojos le contesto: "Jefe, no soy delincuente, ni bolo, me asaltaron y no tengo nada". Como que se compadeció y me dijo: "Allá en la tercera calle hay un refugio, anda a que te den aunque sea de hartar", "hay te bañas que como oles a mierda". Sentí como burla, pero realmente me ayudó. Fui al refugio y me regalaron un pants y unos tenis como seis tallas más grandes, me comí unos panes con pollo y refresco de tamarino y a seguir mi camino sin destino.
Encontré varios anuncios en puertas donde decía: "Se necesita patojo chispudo" en librerías, capinterías, ventas de muebles, , pero al verme la ropa, saber mi edad, lo sucio de mi carita y los zapatos, me decían que no.
Como ya tenía lo de simular mis clases, agarré valor y subí a un bus a cantar unas canciones bonitas y a la gente como que le gustó y logré ganar Q.2.50 el primer día, me compre unas dobladas, una mi gaseosa y hasta una mi chimbombona (es un cinco grande) para matar las horas.
El destino ya estaba marcado, la mañana siguiente entre con Q.1 que me había sobrado a un comedor y una señora echaba chispas por los ojos, estaba molesta porque su cocinera no había llegado y estaba atrasada con los alimentos, como mi abuelita me había enseñado ciertas artes culinarias, le dije a la señora que yo la podía ayudar, al principio no estaba muy convencida, pero más por su desesperación, me dijo: "Dale mijo, pero si la cagas te echo aceite hirviendo en tu tilín". En media hora ya había scado la tarea, la señora -doña Nati- quedó sorprendida no solo por mi agilidad, sino por el delicioso sabor, lo que valió que la gente empezara a abarrotar el lugar, se hizo muy famoso por mis chilaquilas y chancletas. Desde ese día quede contratado e incluso la señora me dió permiso para que durmiera en el comedor, pues le explique que no tenía donde vivir. Se llamaba comedor "Las siete delicias", una noche tuve mi primer amor con doña Nati, era una señora menudita, había quedado viuda, me llevaba como 25 años, pero no me importó, yo nunca había besado y ese día, después de una larga jornada de trabajo estaba por irme a dormir cuando Nati (se había echado unos sus buenos tragos) me dijo: "¿Patojo te gusto?", yo le dije: "usted es buena conmigo", se me avalanzó y me comió (en todo sentido). Empezamos una bonita relación, pero todo empeoró cuando doña Nati me engaño y perdí el lugarcito de mi abuela y mi amistad con el Mozote porque la vieja se fugó con él.

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