jueves, 8 de abril de 2010

Mi amigo, El Mozote



Fue el sexto de quince hermanos. El padre un ciudadano ejemplar de Santa Elena Barillas, recio, trabajador, pero bastante productivo en cuanto a traer hijos al mundo, llego a ser vicealcalde. La madre una señora que a raíz de los quince muchachitos trabajaba jornadas de 4 a.m. a 10 p.m. en un su comedorcito.
El mozote fue mi primer amigo, ibamos juntos a la escuela y jugabamos pelota día y noche, desde pequeño mostró ser muy travieso, le cambiaba a doña Refu (la más enojada del pueblo) sus tomates del mercado por lagartijas y gran susto que se llevaba la pobre cuando abría su bolsa, por supuesto nos echaba mil y una maldiciones. A don Rudy, el mecánico, le echo pegamento a sus botas cuando el don estaba bajo un carro en puros escarpines y pasó un mes con las botas pegadas, hasta los hongos se le murieron al señorón. Mi abuela lo quería mucho, le decía cariñosamente "Mozotillo". Le decían así por que se le pegaba mucho a la gente y a veces era muy fastidioso. Tuvo un su accidente de pequeño, perdió un testículo a raíz de que un cangrejo le ensartó su tenaza, se le gangrenó y se lo tuvieron que quitar. Como lloraba el día que yo me fuí a la capital, le deje el lugarcito de mi abuela, pero una vez que regresé a verlo, ya no estaba el chucho con jiote, ni las gallinas, ni la cabra, "no se me lograron" me dijo el fregado ese.
Esa vez lleve a la Nati y se enamoraron locamente, nos peleamos y le deje de hablar por años. Luego la doña se murió, le dio un chiflón y se enfermo de sus bronquios, ya no respondió. Me hicieron barbaridades porque hasta me vendieron el lugarcito de mi abuela, pero ya lo perdoné. A pesar de que solo tenía un testículo logró procrear a dos varones y tres hembras con la Herminia, una patoja que estudiaba con nosotros. Empezó trabajando como brocha de Transportes Josefina, luego fué ayudante de albañil, luego maestro de obras y puso una su empresita de construcción, hizo plata el fregado pero se perdió en el trago. Hace un mes me lo encontre todo cagado de su pantaloncito tirado en una esquina, como apestaba el pobre, lo lleve a mi casita y hasta lo bañe con una manguera. Le ofrecí un su plato de frijolitos y se lo comió con que ganas. Dice que paró así porque la Herminia lo dejó, ya sus patojos trabajan y el mayor ya va en segundo año de Ingeniería. Lo animé a que regresara con sus patojos que tanto lo necesitan, con lágrimas y sonrisas terminó nuestro reencuentro.
Ya está de regreso en su negocito y su segundo patojo le ayuda. Allí está el fregado, espero algún día regresar a las andadas de patojo, aunque sea un día, solo que no pierda el otro testículo aquel.

martes, 6 de abril de 2010

Mi adolescencia, PARTE 1


Mi abuelita se puso muy grave y pues el Señor se la llevó. Mi única compañía eran las gallinas, el chucho con jiote y la cabra. Me dió mucha tristeza y ya no estaba rindiendo en la escuela, pero tenía un sueño e hice una última promesa a mi abuelita, que me convertiría en porfesor. Yo con tan solo trece añitos no podía más que estudiar, sembrar, regar las plantitas, sacar mi lechita de cabra, echarle creolina al lomo del chucho, alimentar con granos a las gallinas y vuelta a mi soledad. Pero no me rendí, decidí ir a probar suerte a la capital, yo con tan solo Q.25. El bus me dejó por el Cerrito del Carmen, no tenía a donde ir, para empeorar la situación una persona de tez morena me asaltó y solo me dejó con mi calzoncillo, una mi playera y un mi libro de Carazamba.
Eran como las seis de la tarde, yo caminando sin rumbo, sin dinero, sin pantalones, sin zapatos, pensé en volver al lugarcito (se lo había recomendado al Mozote) pero el destino me tenía preparado algo especial. Bueno decidí dormir en el Cerrito, era marzo así que no me preocupaba la lluvia.
Recuerdo que era un día martes como a las 7:00 a.m. un policía me dijo: "Bueno cabrón, aca no es refugio de bolos, o patojos de la calle, levantate o te llevo preso, pisado". Con lágrimas en los ojos le contesto: "Jefe, no soy delincuente, ni bolo, me asaltaron y no tengo nada". Como que se compadeció y me dijo: "Allá en la tercera calle hay un refugio, anda a que te den aunque sea de hartar", "hay te bañas que como oles a mierda". Sentí como burla, pero realmente me ayudó. Fui al refugio y me regalaron un pants y unos tenis como seis tallas más grandes, me comí unos panes con pollo y refresco de tamarino y a seguir mi camino sin destino.
Encontré varios anuncios en puertas donde decía: "Se necesita patojo chispudo" en librerías, capinterías, ventas de muebles, , pero al verme la ropa, saber mi edad, lo sucio de mi carita y los zapatos, me decían que no.
Como ya tenía lo de simular mis clases, agarré valor y subí a un bus a cantar unas canciones bonitas y a la gente como que le gustó y logré ganar Q.2.50 el primer día, me compre unas dobladas, una mi gaseosa y hasta una mi chimbombona (es un cinco grande) para matar las horas.
El destino ya estaba marcado, la mañana siguiente entre con Q.1 que me había sobrado a un comedor y una señora echaba chispas por los ojos, estaba molesta porque su cocinera no había llegado y estaba atrasada con los alimentos, como mi abuelita me había enseñado ciertas artes culinarias, le dije a la señora que yo la podía ayudar, al principio no estaba muy convencida, pero más por su desesperación, me dijo: "Dale mijo, pero si la cagas te echo aceite hirviendo en tu tilín". En media hora ya había scado la tarea, la señora -doña Nati- quedó sorprendida no solo por mi agilidad, sino por el delicioso sabor, lo que valió que la gente empezara a abarrotar el lugar, se hizo muy famoso por mis chilaquilas y chancletas. Desde ese día quede contratado e incluso la señora me dió permiso para que durmiera en el comedor, pues le explique que no tenía donde vivir. Se llamaba comedor "Las siete delicias", una noche tuve mi primer amor con doña Nati, era una señora menudita, había quedado viuda, me llevaba como 25 años, pero no me importó, yo nunca había besado y ese día, después de una larga jornada de trabajo estaba por irme a dormir cuando Nati (se había echado unos sus buenos tragos) me dijo: "¿Patojo te gusto?", yo le dije: "usted es buena conmigo", se me avalanzó y me comió (en todo sentido). Empezamos una bonita relación, pero todo empeoró cuando doña Nati me engaño y perdí el lugarcito de mi abuela y mi amistad con el Mozote porque la vieja se fugó con él.

La fantástica vida de Joselito: La niñez.


Hola mis fieles lectoras y lectores. Mi nombre es Joselito del Carmen Barillas Monzón, para servirles, me conocen como el Profe Joselito, si me gradué de profesor de educación primaria, pero antes comenzaré a contarles mi historia.
Nací una bella mañana de mayo, el 10 para ser exactos, en Santa Elena Barillas, casualmente soy apellido Barillas, mi madre escapó después del parto, nunca la conocí y una nodrisa me amamantó. Mi padre era un peón de una finca cafetalera de una familia de apellido Fernández, desde pequeño abusaba de mí, así que decidí, con tan solo 3 añitos, vivir con mi abuela paterna, se dedicaba al cultivo y había quedado viuda desde los 23 años, solo tuvo a mi padre. Que señora más maravillosa, me enseño a cocinar chilaquilas y chancletas de güisquil, a barrer y a trapear, y ya a los 4 años yo sabía leer y escribir, a pesar de las limitaciones económicas y de los abusos de parte de mi progenitor tuve una niñez feliz, por las mañanas mi abuela me daba mi vasito de lechita de cabra, tortillas con frijoles de olla y mi cafecito con champurrada, el almuerzo pues muchas veces fue sufrido, un día caldo de apazote, cuando iba bien con la cosecha había chilaquilas y ejote forrado en huevo, hasta caldo de cutete comimos una vez. No había luz, a pura candela. Mi abuela había sacado hasta su sexto primaria y siempre me decía: "mijito, estudie, sea alguien en la vida". Esas palabras marcarían mi vida, empece a ir a la escuela. La seño me preguntó: "y tus zapatos", yo respondí: "no tengo". Doña Nieves (así se llamaba la seño) se conmovió y me consiguió unos de vestir y unos tenis. A la semana tuvimos que vender los tenis para comer. Después los repusó mi abuela con mucho sacrificio.
En la escuela había un patojo malo, se llamaba Mijangos, el nombre no lo recuerdo, nos tiraba piedras a todos en la cabeza y una vez metió una culebra a la clase.
Mi mejor amigo se llamaba Eleazar Cardona (le decían el Mozote, a mi me clavaron Chango de Feria por mi tez morena), su mamá tenía un comedor y me invitaba a comer y siempre le llevaba cositas ricas a mi abuela. Nos ibamos a cangrejear después de clases a un estanque que quedaba cerca de la escuela. Una vez un cangrejo se le prendió de un testículo a mi amigo y lo perdió.
De mi padre solo supe que fue a probar suerte a los Estados Unidos y nunca más se supo de él, a pesar de lo que me hizo, le guardo respeto.
Mi abuela lavaba y planchaba ajeno para sobrevivir, aparte de su lugarcito que gracias a Dios era propio, tenía gallinas,un chucho con jiote, una cabra y sus siembras de frijol, maiz, café y piñas, tenía un su palo de guineos pero se murió.
Yo siempre fui un alumno aplicado, siempre quedaba en los primeros lugares de la clase. Desde allí me dí cuenta que mi pasión era el magisterio. Jugaba yo a darles clase al palo de guineo, al chucho con jiote y a la cabra. Nunca me contestaron las preguntas, pero yo me sentía contento.
Mi abuelita se sonreía y me decía: "Patojo, tenés madera de profesor". Sus palabras eran alentadores y eso me daba más ganas de estudiar en la escuela.
Una vez salimos de excursión al zoológico La Aurora, fuí feliz y me empezaron a gustar los animalitos, ya tenía suficiente con el chucho, las gallinas y las cabras.
Así de bonita fue mi niñez, tengo muy buenos recuerdos.